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Las Sendas de la Meditación

meditacion

Este trabajo ha sido inspirado en mi experiencia personal como meditadora y en las investigaciones que hice sobre los diferentes sendas de meditación. Cuando empecé esta actividad, me enteré que la actitud que tenía desde niña, buscar un espacio, estar en silencio un rato, se llamaba meditar. Durante un tiempo estudie los sistemas de meditación que existían y experimenté con algunos, aunque al final, terminaba dejándome llevar por mi propia naturaleza.

TU MAESTRO PERSONAL

guia espiritualCierta vez llega un joven de Occidente a una ciudad en Oriente buscando la sabiduría. Tal vez pensó que con sólo llegar la encontraría, así que recorrió una gran distancia hasta dar con un anciano que según era un gran sabio. Al llegar a donde estaba este hombre, tenía una gran expectativa sobre la enseñanza que recibiría de él, así que cuando lo vio sintió una gran emoción pero también un gran desconcierto porque la persona no le reflejaba lo que él esperaba.

Ese primer día no hubo comunicación, el hombre lo vio y siguió de largo, él pensó, que los eruditos eran así. Luego el segundo día pasó algo más o menos similar, y así transcurrieron muchos días, con el pasar del tiempo, el hombre se sentía desilusionado y frustrado y tratando de buscar una explicación se inventó un montón de justificaciones ya que el supuesto sabio nunca le dijo nada.
Como al mes de estar conviviendo entre los moradores de este lugar, decidió tomar la iniciativa y preguntarle al hombre lo que él vino a aprender.

Se le acercó e intentó hacerse comprender entre lo poco que había aprendido de su idioma, y este lo observó, siguió fumando su pipa y sonrió, al rato se levantó y se fue.
El volvió a insistir y como al tercer día, el hombre, que tenía el mismo gesto, le pregunta: Qué vienes a buscar, en perfecto idioma del otro él perplejo dice: Bueno, maestro, quiero aprender sobre su sabiduría. El otro le responde: Qué quieres saber. Él estaba molesto y dice: Se supone que usted es un maestro y yo soy un alumno que quiere aprender.

El sabio fumó su pipa, sonrió y respondió: No tenías que venir de tan lejos para saber lo que ya tú sabes, observa lo que has hecho, pregúntate si es lo que has querido hacer y haz lo que tengas que hacer para lograrlo. Y se fue.

El hombre cogió una gran rabia, pasó días victimizándose y sintiéndose miserable, interpretó las cosas de muchas formas, hasta que decidió irse.
Cuando regresa a su vida, pues, tenía todo en desorden, y sin darse cuenta empezó a aplicar estos tres consejos que le dio el sabio, y su vida poco a poco empezó a ordenarse nuevamente y luego a tener otro sentido.
Pasaron casi dos décadas, y él contaba esto como un anécdota, concluyendo: En el pasado creí que algo me faltaba, hice un viaje para encontrarlo y creí otra vez que había sido un fracaso, fue cuando decidí vivir la vida que tenía que comprendí que tenía lo que necesitaba, que podía vivir sin lo que creí que necesitaba y que mi aprendizaje era descubrir que era lo que yo quería.

Todos somos maestros porque tenemos el poder de crear y dirigir nuestras vidas.

Proyectamos en lo que está a nuestro alrededor lo que nuestra mente reconoce y vivimos lo que pensamos. Somos maestros de lo que creamos.

Repetimos conductas que se convierten en patrones. Vivimos con el miedo continuo a ser heridos, con el dolor emocional producido por un sistema de negación.

La necesidad de ser aceptado nace del premio y el castigo que aprendimos desde pequeños. Esto nos hace adoptar conductas para ser aceptados por nuestro mundo pero a la vez generándose una separación de nosotros mismos y profundos conflictos internos que se van agudizando con el tiempo.

Creamos imágenes de las personas como un resultado de lo que esperamos de ellas y orientamos esas interacciones a lo que esperamos y no a lo que realmente son.

La importancia que tiene lo que los demás piensan o creen de nosotros llega a ser tan vital, que moldean la personalidad y requiriendo continuamente el apoyo emocional de los demás para reafirmar nuestras personalidad.

Nos juzgamos y juzgamos a los demás basados en las creencias y en un sentido de justicia que conocemos. Al establecerse los juicios, también se establecen los castigos. Buscamos una perfección negando nuestra personalidad y rechazando nuestra condición humana.

El límite del mal trato que toleramos es el mismo al que nos sometemos. Establecemos relaciones de abuso para satisfacer mutuamente nuestros patrones de castigo.

Definitivamente cada quien es dueño de su vida, sólo que no es consciente crea su mundo y cuando interacciona con los demás cocrea su entorno.

La vida es una secuencia lógica de pasos. En esa dinámica, siempre sucede lo que tiene que suceder. Todos estamos expuestos a esta dinámica donde somos llevados por la energía de nuestra alma y por las circunstancias que vamos creando.

Hay que aprender a escuchar a la razón, pero dejar hablar al sentimiento que es el alma manifestada.

“Quien eres o quien crees quien eres”.

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